jueves, 11 de agosto de 2016

Hoy no

Hoy no. Hoy no quiero admitir que cada día sueño con su mirada; que antes de dormir, en lo último que pienso es en su sonrisa. No voy a admitir que quisiera estar en sus brazos hasta sentirme plena, porque es ahí donde siento seguridad, que todos mis miedos logran irse a otro lugar, porque estar en sus brazos es donde le encuentro sentido a la vida. Tampoco diré que cada vez que lo veo y pasamos tiempo juntos, que en ese pequeño instante que nuestras manos se encuentran cerca quiero entrelazar mis dedos con los suyos y que esa pequeña unión nos de el calor que tanto necesitamos los dos; o no diré que caminaría a cualquier lugar en el mundo siempre y cuando, sea aferrada a su mano y a su cintura; no voy a admitir que cada vez se me es más difícil estar frente a usted y no poder plantarle un beso cuando se me dé la gana, porque cada vez que veo sus labios solo puedo pensar en cómo se sentirán, cuando, se encuentren con los míos; y sí, cada vez que lo veo venir a saludar quisiera recibirlo con un beso como se lo merece, o que cuando usted se va, quisiera despedirlo con uno de esos besos que duran hasta nuestro próximo encuentro, de esos que pueden decir lo mucho que lo puedo llegar a querer o con un beso que le comente el miedo que tengo de perderlo.
Hoy no será el día en el que lo vea a los ojos y pueda, libremente, perderme en el gran misterio que tienen, hoy no será el día en el que nos comuniquemos solamente por miradas; hoy tampoco admitiré que siempre recuerdo su voz, más que todo, en los momentos cuando me siento la peor basura del mundo, respiro y recuerdo cualquier palabra que de su boca ha salido y que eso logra tranquilizarme.
Ni decir que me encanta su olor, porque es tan particular que, le juro que me embriaga mucho más rápido que cualquier alcohol; no le diré que realmente tenía planeado robarme ese par de sudaderos suyos, para así poder tener su olor al alcance de mi mano y poderme hace la tonta idea de que a usted también le gusta que yo posea algo de usted.  Tiene que saber que hoy no le diré que, últimamente, he vivido con una sonrisa estúpida en mi cara, y que todo se debe a usted y todas aquellas cosas que lo hacen ser como es; porque podría enumerar muchas más cualidades que me encantan de usted, y que nadie más posee.

Tal vez en este punto usted ya se debe de preguntar ¿Por qué hoy no admitiré todo esto? Es simple. Ya que el día que yo realmente llegue a admitir que su sonrisa me encanta, que podría pasar todo el día viendo sus hermosos ojos tan profundos, que ya no me resisto a estar sin poder probar sus labios, que sus abrazos me tranquilizan o que quisiera despertar cada día con el bello sonido de su voz, o que realmente deseo poder despeinarlo entre besos en la cama, que quisiera dormir entre sus brazos; ese día voy a confirmar que estoy totalmente enamorada de usted, que usted logró transformarme en algo que no buscaba ni deseaba. El día que le diga todo esto realmente querré y voy a desear pasar un día con usted entre juegos y sabanas; tomar todo lo suyo y hacerlo mío. Porque usted y yo ya seremos uno sólo; porque usted habrá logrado lo imposible, derribar la barrera de mi corazón.

Pero me da miedo. Me da miedo admitir que me enamoré y que usted ni lo haya notado, miedo a enamorarme de una maldita ilusión que creó mi mente, porque sé lo duro que puede ser eso de enamorarse de una idea. Tengo miedo de admitir todo esto y dar un paso en falso en el abismo, miedo del rechazo; ya que puede que no haya ni una remota posibilidad de que usted se fije en mi, ni mucho menos que se enamore de mi.

Hoy no voy a admitir que desearía con todas mis fuerzas nunca haberme sentido así hacia usted.

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